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México, tras la pandemia del COVID-19 se refugia en el teatro callejero como forma de regeneración social. El maquillaje persiste como símbolo de esa época y la sociedad lo acuña como símbolo de libertad y representación nacional.

2079 Epílogo de un vuelo

Hace tres años ocurrió a una compañera mía lo que después identificamos como la breve reivindicación del derecho de las mujeres. Me parece que esta es una importante anécdota para figurar claramente los cambios que ha tenido nuestra sociedad en la Ciudad de México.

Después de La noche roja, las prohibiciones no dejaron de llegar, como si se tratase de un juego de ajedrez en el que repentinamente te quedas sin la reina.

Desde la prohibición del uso del maquillaje, hasta el castigo legal por aborto. El toque de queda además provocó un miedo profundo e imperecedero a aquellas que formaban el núcleo del movimiento feminista, y por mucho tiempo se mantuvo en las tinieblas como un recuerdo de antaño.

Veintisiete años después, las leyes escritas no son tan rigurosamente aplicadas por las autoridades. Después del sexenio interrumpido de Perea el país volvió a hundirse lentamente en la inestabilidad económica que siempre nos identificó. Sin embargo, las ideas que sostienen estos mandatos se reflejan invariablemente en las personas con las que vivimos.

El estudio de historiografía antropológica para el que se ha realizado esta crónica, El Zanate, fue fundado en 2070 por Amanda Ramírez con el objetivo de recolectar y componer información de lo acontecido en el país después de 2020.

Somos, para ser realistas, una de las únicas instituciones fundadas por una mujer que se mantienen de pie. Eso dejando de lado que nuestro equipo es realmente reducido.

En 2076 una de nuestras periodistas, Teresa Soto, ganó un premio Pulitzer por una investigación rigurosa alrededor de la misteriosa figura de Artreyu durante el renacimiento del gran teatro en México, que les recomendamos leer aquí. Tere ha sido parte de nuestro equipo desde la fundación del despacho, e incluso fue la que propuso que los hombres que trabajan con nosotros no usasen maquillaje en señal

de empatía.

Sin embargo, esta mujer y amiga admirable no escapa al escarmiento que las personas se han acostumbrado a aplicar. Caminando por la calle es difícil no notar las miradas de desprecio que todos tienen en su rostro, incluyendo muchas veces a las propias mujeres. Hay incluso locales comerciales que directamente te impiden el paso por tu sexo.

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Hace tres años El Zanate había citado una reunión holográfica muy importante con El País para la posible compra de nuestro despacho. Teresa dos días antes recibió un golpe en la cara, gracias a una discusión que tuvo con un hombre en el transporte público en cuya opinión mi compañera utilizaba ropa de “niña”.

Tere, siendo la periodista renombrada que sabe que es, entabló con este hombre una discusión acalorada sobre sus derechos. Todos en el vagón la veían con una combinación de desprecio y lástima, haciéndose de oídos sordos. El ya descrito caballero se cansó de discutir y golpeó a mi compañera en el ojo, tirándola al piso y dejándole un moretón sangriento que se veía a leguas.

Teresa se vio esa noche frente al espejo, sonreía mirando su chaqueta de colores chillones manchada de sangre. Tenía treinta y cinco años y esa era su favorita desde la universidad. Decidió entrar a la tienda virtual para pedir un poco de corrector y base para ocultar un poco el moretón que lucía.

Entonces se planteó algo. ¿Por qué no se maquillaba por completo? A fin de cuentas era lo que habían hecho las mujeres hace sesenta años y no tenía nada de malo. Pidió un estuche de maquillaje completo.

El paquete llegó al día siguiente, el chico que hacía las entregas le preguntó sonriente a Tere si no se encontraba su esposo para recibir los cosméticos. Ella le dijo sinceramente que era soltera y firmó la entrega ante la mirada horrorizada del muchacho.

El chico recuperó la compostura, garabateó algo sobre el recibo y le entregó el paquete con el maquillajes. La nota decía “Puta de mierda”. Teresa se rió una vez que lo vio alejarse. Eran palabras, solo palabras, pensó. Nadie realmente la había podido detener.


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2020 la exposición del Gran teatro en México

Tras sobrevivir a la crisis provocada por la pandemia la gente se encuentra hostigada por los medios digitales. En buena forma piensan que la industria de la telecomunicación ha explotado más de lo que debían el encierro que sobrelleva la clase media del país. Sin embargo un personaje misterioso llevó a buen puerto la inconformidad de las personas.

Un hombre, conocido generalmente como Artreyu, reinventó la industria del teatro en el país, mezclándolo con el circo, la pintura, los carnavales y el concepto de tianguis. Se rumorea que trabajó durante mucho tiempo con compañías más grandes como el Cirque du Soleil, pues todas las presentaciones urbanas que hacía tenían toques distintivos como el maquillaje en los actores y coreografías minuciosamente ejecutadas. Algunas de las puestas en escena más elaboradas mezclaban las pinturas vivientes con acrobacias circenses y el teatro callejero.

Se cree que durante los años subsecuentes se le consideró un héroe nacional tanto por el pueblo como por el gobierno, pues la inestabilidad económica no resultó en un absoluto descontento social.

Las repercusiones de la aparición de este misterioso personaje en la historia de nuestro país son impactantes. Empezando la popularización del teatro en toda la república, inclusive en las comunidades, que no tardaron en imitar el ejemplo de Artreyu. Se considera que la participación en el teatro hacía sentir unificado al país en una ficción colectiva que era mucho más grande que ellos mismos.

Aún más importante quizá es que se normaliza el uso de un maquillaje teatral, tanto para hombres como mujeres. Pintarse el rostro se volvió una fuerte manera de mostrar la identidad de la que los mexicanos carecían entonces. Por primera vez en mucho tiempo sentían que eran realmente hermanos unos de otros, su maquillaje era entonces un símbolo de unidad.

2045 El inicio de la hambruna

El famoso actor de teatro desapareció en 2025 sin dejar rastro, nadie sabía quién era realmente y cada pocos meses aparecía algún supuesto conocido que vendía su historia a la televisora local. Veinte años después se vive el auge de los disturbios políticos. La continua crisis económica ha arrastrado a la pobreza a casi un 87% de la población en el país, y la izquierda y derecha política culpan mutuamente a sus adversarios sin que aparezca un líder que realmente convenza a al pueblo mexicano.

El país se ha precipitado al abismo económico desde hace dos décadas. Los niveles de violencia se disparan y son solo unas pocas las zonas que mantienen una paz relativa. Pese a eso las tardes de teatro son algo que se respeta arraigadamente, como un oasis o un periodo de tregua.

La gente sale a las calles con su rostro oculto por la pintura, para aprovechar la poca humanidad que parece quedar. A partir de estas salidas se enfoca el grueso del comercio informal, pero también los negocios tradicionales apoyan cuando sea que se hagan estos festejos. La pintura es un punto importante.

Es para muchos la única manera de mantener la armonía en estas circunstancias, y no ser reconocidos por sistemas de vigilancia. Si nadie puede reconocer a nadie, entonces lo único que queda es confiar en los demás.

Un político de derecha llamado José Perea se vuelve famoso entre la comunidad del centro de Morelia, Michoacán. Su carisma y amigable fervor religioso lo hacen ganarse rápidamente el corazón de las personas que lo rodean.

No hace más que apoyar los festivales de teatro ambulantes hasta que llega la alcaldía, es entonces cuando ocurre algo que pocos historiadores contemporáneos se atreverían a pasar por alto: pidió a las mujeres que dejasen de ocultar su rostro.

El mandato era simple, las personas estaban acostumbradas a utilizar un maquillaje casi circense que les hacía sentir seguros, pero en opinión del alcalde Perea las mujeres no tenían nada que temer. Su rostro representaba el de la Virgen y el de las madres, dos símbolos que todo mexicano había de proteger más allá de todo conflicto o interés.

Mientras el resto del país sufría irreparablemente en lo que se perfilaba a ser una hambruna grave en 2045, el municipio de Morelia era uno de los pocos que perfilaba como pacífico. El pueblo confiaba en José Perea, e incluso muchas mujeres hicieron caso a su consejo de dejar el maquillaje, pues se sentían parte de una sociedad pura.

Los hombres en cambio, no abandonaron la costumbre de pintarse la cara, adoptando simbolismos nuevos y fervientes de una masculinidad privilegiada. Se volvía sin quererlo al arquetipo del luchador enmascarado, esta vez con pintura y no con tela.

Este hecho no fue pasado por alto por una activista llamada Guillermina Esperanza, que pese a ser zacatecana había agarrado interés por este nuevo líder de derecha. En uno de sus artículos para Animal Político, criticó esta “recomendación” por parte del alcalde de Morelia y la denunció como un claro síntoma del machismo que anidaba la comunidad michoacana. Su artículo fue opacado notoriamente por las notas sobre el alarmante avance de la crisis económica.

El día de hoy se cree que la seguridad en Morelia pudo deberse a la después comprobada relación de Perea con el narcotráfico. Esto, en aquel entonces, no importó nada, al año siguiente se le eligió como gobernador del estado de Michoacán.

El lector sagaz podrá notar el paralelo que esta entidad empezaba a tener con los modelos de religión del islam radicalizado. Guillermina intentó hacer notar nuevamente esto a líderes del movimiento feminista. Sin embargo el resto de la república sólo tenía ojos para lo que había efectuado el entonces presidente Fernando de la Rocha: el cierre de los tratos comerciales con las naciones extranjeras.

Lo que siguió fue un periodo de hambruna. La corrupción y la carencia de dinero en muchos de los sectores alimenticios, crearon un problema para millones de mexicanos, esto se hizo tan grave que incluso los más privilegiados vieron escasear recursos que antes se pavoneaban de poseer. Tuvieron que pasar tres años para que se hiciera un cambio de administración en la presidencia. Como de la Rocha era de izquierda, en ancho de la nación los aborrecía, y no ganarían un puñado de cargos durante las elecciones de noviembre de 2048.

La presidencia, casi sin competencia alguna fue ganada por José Perea, que en poco tiempo arregló tratados comerciales que pese a sumergir a México en una deuda considerable traían de vuelta los bienes perdidos. Siguió predicando su idea sobre el uso del maquillaje en el rostro femenino a la vez que impulsaba las ya tradicionales fiestas que una vez fueron parte del teatro ambulante.

Hubo quizá un evento más que elevó a Perea en los cánones de la historia mexicana más allá de los héroes de la independencia. Durante su tercer año de gobierno se convirtió en el primer presidente de México en ser asesinado después de la Revolución de 1910. El escándalo fue terrible y estuvo en los noticieros de todas las naciones. Incluso México tuvo una visita del Papa donde el líder de la iglesia se maquilló la cara como todos los mexicanos varones que lamentaban la pérdida del presidente.

Pronto se descubrió que los involucrados en el asesinato eran los líderes del partido de izquierda, que habían escapado del país pocos días antes. Esto en pocas palabras, llevó al país en un espiral político parecido al del PRI el siglo pasado en el que se le adjudicaba el poder a un solo partido a pesar del cambio que la sociedad reclamaba.

2051 La gran ola feminista

Mientras el resto de México llora la muerte de un ídolo nacional, un grupo marcado de personas se da cuenta de que el asesinato de Perea representa una oportunidad única para evitar que se implementen más políticas represivas para las mujeres. Las reuniones feministas se vuelven más frecuentes pese a lo eclipsado que había estado el movimiento las décadas pasadas.

Pronto un grupo de intelectuales, entre las que se encontraba Guillermina Esperanza, empieza a señalar y denunciar la manera injusta en que la nueva cultura mexicana se ha formado a favor de los hombres. Era, según estos discursos, una manera de excluir a las mujeres de la identidad mexicana.

La rápida difusión de estas ideas llevó a que muchos de los estudiantes y humanistas alrededor de la república separaran la buena administración económica de Perea de sus ideales retrógradas. La importancia de estas denuncias se vio reflejada en la repentina reaparición de las marchas feministas.

Los historiadores han referido a la figura de Guillermina Esperanza con un sinnúmero de adjetivos, no todos ellos positivos. Esto se debe a que la reaparición del activismo feminista llegó tan rápidamente que pronto se escapó de las manos de las personas que habían querido reavivar el fuego.

De las tres mujeres que popularizaron el discurso progresista del 51, Guillermina fue la única que dejó de apoyar el movimiento. “Era demasiado pronto y demasiado grande” explicó en una entrevista con La Jornada una semana antes de La noche roja, “Si queríamos hacer un cambio necesitábamos organizarnos en todo el país, hacer ver al gobierno que todavía existe una voz que nos define y una voluntad que nos guía. Lo que hizo Perea con el simple hecho de prohibirnos el maquillaje fue despojarnos de parte de nuestra identidad, y eso por sí mismo es opresión a la libertad.”

Se le conoce La noche roja a la tarde del 21 de enero de 2052, cuando en la Ciudad de México (y en 27 capitales de la república) marcharon 70,000 mujeres feministas y hombres aliados para cambiar la legislación sobre el maquillaje y exigir otros derechos representativos de esta lucha. Fueron tantos los participantes en estas manifestaciones que las organizadoras no tardaron en perder el control.

Se registraron ese día 863 incidentes violentos y cuatro asesinatos, tres civiles (probablemente participantes en la marcha) y un oficial de policía. Se le conoce sin embargo como La noche roja porque pasadas las nueve de la noche, la policía de la capital roció sobre los manifestantes un líquido rojo para dispersar a la multitud. Incidente que incrementó la cuenta de heridos entre toda la confusión.

Los medios no tardaron en criticar ferozmente las revueltas. No fue difícil convencer al público de que lo que se había hecho la noche del 21 de enero había sido un descarado intento de desmeritar al fallecido presidente de la república. El grueso del país seguía creyendo en sus leyes como si se tratase de una doctrina y había reducidos grupos religiosos que entablaron conversaciones con el Vaticano para convertir a Perea en el santo patrono de México.

La ley permaneció igual. Las organizadoras del movimiento fueron perseguidas y encerradas, aunque hubo muchos casos en que sencillamente desaparecían. Guillermina Esperanza optó por autoexiliarse en Estados Unidos por miedo a que la asesinaran. En 2054 publicó su novela El canto del águila, donde relataba buena parte de los ocurrido antes de la noche del 21 de enero de 2052.

Después de las marchas, se impuso durante un periodo de seis meses un toque de queda en la Ciudad de México, Guadalajara, Querétaro y otras capitales del movimiento. Aunque el objetivo desde el principio fuera acabar con la organización de marchas, en los medios se decía que era una manera de mantener a salvo a la población femenina. Durante esos meses se incrementó el número de feminicidios y denuncias de abuso.

México parecía retroceder a la época donde el aborto y la brecha salarial eran una realidad cotidiana. También seguía siendo marcada la diferencia de precios entre los productos pensados para mujeres en contraste con el resto del mercado.

Revolución industrial de 2069

Dieciocho años después del asesinato de Perea se popularizó en el mundo una tecnología que permitía el aprovechamiento máximo de la energía eólica. Se trataba de una turbina que no solo era impulsada por las corrientes de viento, sino que procesaba el aire varias veces en lugar de dejarlo fluir libremente.

Como diez años atrás se habían acabado de utilizar los combustibles fósiles para elaboración de productos (reemplazados por materiales fabricados con estructuras bioquímicas), las Turbinas eólicas significaron el fin de la quema del petróleo. En los países en desarrollo se tardó en aplicar esta tecnología, pero era tan eficiente y realmente tan barata, que era una inversión obligatoria para todos.

Periodo de estabilidad económica

Bajo el mandato del partido conservador, en 2074 se vive el primer año de estabilidad económica en la historia de México. En buena parte debido a la reducción del uso de recursos que ha traído la energía sustentable en el mundo.

A sí mismo, México se ha convertido en un país reverenciado por el mundo, pues el maquillaje se ha vuelto el latente símbolo de la masculinidad en el país.

Todas las celebridades mexicanas hablan de ello como algo que los hace orgullosa y verdaderamente mexicanos, un símbolo de la patria y prosperidad.

Igualmente importante, es en el mundo la compra y venta de productos en mercados virtuales, como lo serían las tiendas de Amazon e Ebay. Ahora, en lugar de acceder con su teléfono (para entonces ya reemplazados con los brazaletes digitales), se debe entrar a la tienda a través de un simulador de realidad virtual. De esa manera se tiene una idea latente de la fisicalidad del producto antes de que sea comprado.