Nuevo renacimiento


En el año 2026 un grupo de radicales conocidos como antinatalistas liberaron desde las costas de Ciudad del Cabo un virus con la capacidad de afectar el genoma piRNA –el cual asegura la fertilidad al proteger los genomas de células especializadas llamadas células germinales, que producen óvulos y espermatozoides.

Bueno, ¿por dónde empezar? Creo que lo más sencillo sería contar como llegué aquí, ¿no? A punto de presenciar el

lanzamiento de lo que será la “salvación de la humanidad”.

Pero antes de pasar a eso permíteme presentarme: Mi nombre es Diego Herrera, soy Ingeniero Biomédico para el Consorcio CRH desde hace su fundación en el 2028 hace ya… umm… ¡ocho años! A veces se me hace increíble lo rápido que pasa el tiempo, pero a la vez es más inverosímil lo mucho que ha cambiado el mundo en ese tiempo…

Bueno, no es cierto. El cambio no empezó hace ocho años. Lo que en realidad marcó un antes y un después en mi vida, al igual que en la de todo el mundo, fue el virus Sobek. Antes de eso, la vida era realmente normal, yo crecí en un mundo con celulares, internet, globalización y un crecimiento desmesurado de… ¡todo! La tecnología avanzaba más rápido de lo que podía costear, cada semana había un nuevo reto viral en internet y lo único que parecía preocuparnos a los jóvenes era que nuevo cachivache saldría al mercado para mantenernos entretenidos un rato. Recuerdo que por ahí a mis veintes mi favorito era un Xbox One All Digital que me regaló mi novia… ¿Pero qué estoy diciendo? ¿Cómo terminé hablando de esto? ¡Ah, sí! El cambio en el mundo, eso.

Cuando tenía 18 años entré a la carrera con la intención de estudiar Ingeniería en Diseño en una reconocida universidad con una de las mejores Facultades de Ingeniería en el país. Cursé el tronco común los primeros semestres y para cuando debía elegir especialidad me encontré con algo llamado “vientres externos” que me llamó mucho la atención. Al haber sido un bebé prematuro me intrigaba la posibilidad que esas cosas tenían para evitar complicaciones y poder ayudar incluso a salvar vidas de otros pequeñines. Así que ahí estuvo y decidí reorientar mi carrera hacia la Biomedicina por culpa de una investigación experimental que en ese entonces no tenía ni para cuando volverse una realidad.

Cuando terminé la carrera comencé a trabajar en un centro de investigación que estaba realizando las primeras pruebas de Ectogénesis en animales y yo sólo podía soñar con el día en que finalmente pudiéramos probar nuestros dispositivos con seres humanos, pero igual, a pesar del avance de la tecnología para esa época, 2025 para ser exactos, aún no podíamos visualizar la materialización de nuestro proyecto.

A pesar de que mi trabajo parecía avanzar muy lentamente, yo era el chico más feliz de la tierra: acababa de casarme con mi novia de toda la vida. Bueno, no toda la vida, pero llevábamos juntos desde los 17 años, entonces después de… ocho años de novios ya era justo y necesario. A la fecha sigo siendo muy feliz con ella. Y ahora que lo pienso ya llevamos… ¡once años casados! Wow… a veces hasta yo me sorprendo de lo rápido que pasa el tiempo…

Pero no, espera… ¿Qué te estaba contando? ¿Cómo terminamos hablando de esto? ¡Ah, sí! El cambio en el mundo, eso.

Mi esposa y yo decidimos no tener hijos en ese momento: había días que yo me la pasaba más de 12 horas en el laboratorio y a ella le estaba yendo muy bien en su trabajo como para que ambos pudiéramos hacernos cargo de un bebé, además ¡teníamos como 25 años! Todavía nos la pasábamos coleccionando sables de luz, varitas mágicas y réplicas de Lego como para pensar en destinar nuestros ingresos a algo que no fueran viajes o experiencias. Todos en mi generación y en el laboratorio opinaban igual. Aún éramos jóvenes y queríamos seguir disfrutándolo antes de pensar en agregar un par de miembros a la familia. Pero no me malinterpretes, no éramos como esos… esos… ¿cómo se llamaban? Tengo el nombre en la punta de la lengua…

¡Antinatalistas! ¡Esos! ¡¿Cómo se me pudo olvidar el nombre si es por culpa de esos fanáticos que todo se fue al caño?! Aún recuerdo cuando vi con mi esposa las noticias de un suicidio colectivo que hicieron en Ciudad del Cabo. Al principio ambos creímos que sólo se trataba de un grupo de locos que creían que suicidándose iban a salvar al mundo de la sobrepoblación y la sobreexplotación de recursos, ¡Pero no! Era mucho más que eso, sólo que todavía no nos dábamos cuenta… Ese, fue el cambio en el mundo.

El 2028 califica como el peor y el mejor año de mi vida... Considerando los modelos estadísticos para ese entonces ya habían pasado dos años desde que el virus Sobek había sido liberado, sólo que todavía no sabíamos que ya nos había infectado...

Sabes, pienso que la manera en que el virus terminó contagiando a todo el mundo fue algo hermoso, sumamente bien planeado. Catastrófico, sí, pero muy bien planeado… ¿A quién se le hubiera ocurrido que mi afición por el sushi y los mariscos fueran los causantes de la “intoxicación temprana” que tuvimos mi esposa y yo? Y todo gracias a ese grupo de Antinatalistas que decidió que la mejor manera de diseminar un virus por el mundo sería a través del agua de los mares y que eventualmente las corrientes, las tormentas y obviamente los animales que todo mundo consume terminarían siendo nuestra perdición. ¡No había manera de controlarlo o preverlo! Pero bueno, eso ya pasó. Mi esposa y yo ya nos considerábamos lo suficientemente adultos como para poder criar a un bebé sin echarlo a perder (mucho) en el proceso, y ¡oh sorpresa! No más bebés…

No te voy a mentir, fue un golpe muy fuerte para ambos… Los dos siempre quisimos tener hijos. Yo soñaba con tener dos hijas, incluso ya habíamos pensado en los nombres, y considerando el antecedente de gemelos que había en la familia de mi esposa, yo ya soñaba poder tener a mis nenas en brazos. ¡Y ya ni hablar de mi esposa! Había dedicado su vida a su carrera y ya quería dedicarse ahora a ser mamá. Y no éramos los únicos en una situación complicada… había otras parejas como nosotros que también querían tener bebés y ya no podían. Y no me explico de donde empezaron a salir todos estos seguidores de los Antinatalistas que ahora aplaudían lo que habían hecho… Sí, estoy de acuerdo que los humanos somos responsables de gran cantidad de males que aquejan al planeta. Los controles de natalidad pudieron haber sido una alternativa que valía la pena discutir, pero tanto procrear como no hacerlo, debería ser una elección, no una imposición.

Y ya mejor no entremos en más detalles del tema, cada que lo recuerdo vuelvo a pensar en lo que consideré en esa época. Incluso llegué a arrepentirme de mi carrera y a considerar tirar todo el trabajo de mi vida porque, ¿cómo podía seguir trabajando en la ectogénesis, si la procreación misma tenía fecha de caducidad? ¡Estábamos tan cerca de lograr un vientre artificial funcional para bebés humanos! Pero, ¿para qué seguir trabajando en ello si ya no habría bebés?

Estaba a punto de renunciar al centro de investigación para irme con mi esposa a buscar alguna alternativa, incluso consideramos adoptar, pero ya era prácticamente imposible…

En eso estábamos cuando literalmente la oportunidad tocó en nuestra puerta. El Consorcio CRH empezaba a tomar forma y aunque aún no tenían un propósito fijo, sabían que querían intentar remediar lo que los Antinatalistas habían ocasionado.

El resto es historia. Mi trabajo con la Ectogénesis ha sido de vital importancia en todo este proceso y aunque el resto del mundo sigue debatiendo entre si lo que hacemos en CRH es bueno o no, ético o no, natural o no, correcto o no, yo tengo que creer que lo estamos haciendo por aquellos que aún quieren formar una familia y que quieren un nuevo renacimiento.

Hmm… Hasta parece que me comí el eslogan del consorcio, ¿verdad?

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Unidad de Impregnación

Dispositivo biomecánica informático en el cual se implanta la información genética de dos personas que actúan como progenitores en el proceso de inseminación y fecundaciónartificial.

Para la creación de una Unidad ambos progenitores deben pasar por un proceso de recolección de ADN en los laboratorios del Consorcio CRH el cual consiste en toma de muestras y procesamiento de las mismas por un equipo de especialistas para su posterior proceso de maduración. Dicho proceso dura cuatro semanas después de las cuales la Unidad pasa a albergar a un embrión listo para continuar con el proceso de gestación en las cápsulas de Ectogénesis.

Proceso de Ectogénesis

Una vez que el proceso de Impregnación se finaliza en la unidad biomecánica, el feto es incubado en una cápsula de ectogénesis donde su desarrollo ya asimila al que llevaría dentro del vientre materno replicado a la perfección gracias al trabajo de los científicos y robots del Consorcio CRH. Es recomendable que la cápsula se conserve dentro de las instalaciones del laboratorio en caso de cualquier imprevisto, sin embargo se espera que para el 2040 las cápsulas portátiles puedan llevarse a casa para que los futuros padres formen parte del proceso de primera mano.

Consorcio Carga Reproductiva Humana

Detrás de toda la ciencia y tecnología de las Unidades de impregnación y las cápsulas de Ectogénesis se encuentra el Consorcio CRH (Carga Reproductiva Humana). Un conglomerado de iniciativas públicas, privadas, sector salud y gobierno más de 16 países alrededor del mundo quienes colaboran desde 2028 que se descubrieron los efectos del virus Sobek para encontrar una alternativa al problema de infertilidad.

El Consorcio está conformado por varias divisiones de trabajo que se enfocan en las grandes vertientes del proyecto de las Unidades de Impregnación. Dichas divisiones son: Investigación Genética, Desarrollo de Dispositivos, Salud Reproductiva y Fertilidad, Comunicación e Impacto Psicosocial, Distribución y Difusión y Dirección General.